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Tocar un instrumento musical es una experiencia intensa, multisensorial y motora que generalmente comienza a una edad temprana y requiere la adquisición y mantenimiento de una serie de habilidades a lo largo de la vida de un músico. Así, los músicos ofrecen un excelente modelo humano para estudiar los efectos cerebrales de la adquisición de habilidades sensorimotoras especializadas. Por ejemplo, los músicos aprenden y practican repetidamente la asociación de acciones motoras con patrones sonoros y visuales específicos (notación musical) mientras reciben retroalimentación multisensorial continua. Este aprendizaje por asociación puede fortalecer las conexiones entre las regiones auditivas y motoras (por ejemplo, el fascículo arqueado) mientras activa regiones de integración multimodal (por ejemplo, alrededor del surco intraparietal). Argumentamos que el entrenamiento de esta red neuronal puede producir efectos cruzados en otras operaciones conductuales o cognitivas que dependen de esta red. La plasticidad en esta red puede explicar algunas de las mejoras sensorimotoras y cognitivas que se han asociado con el entrenamiento musical. Estas mejoras sugieren el potencial de la creación musical como un tratamiento o intervención interactiva para trastornos neurológicos y del desarrollo, así como para aquellos asociados con el envejecimiento normal.
Wan et al. (Vie,) estudiaron esta cuestión.