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Durante más de un siglo, los científicos han buscado ver a través del escudo protector del cráneo humano y dentro del cerebro vivo. Hoy en día, una variedad de tecnologías permite a los investigadores y clínicos crear imágenes asombrosamente detalladas de la estructura de nuestro cerebro, así como representaciones coloridas de los cambios eléctricos y fisiológicos que ocurren dentro de él cuando vemos, escuchamos, pensamos y sentimos. Estas tecnologías—y las imágenes que generan—son una herramienta cada vez más importante en la medicina y la ciencia. Dado el papel que las tecnologías de neuroimagen desempeñan ahora en la investigación biomédica, tanto los neurocientíficos como los no expertos deben esforzarse por ser lo más claros posible sobre cómo se elaboran las neuroimágenes y lo que pueden—y no pueden—decirnos. A esto se añade que las neuroimágenes han comenzado a ser utilizadas en las salas de justicia tanto en la determinación de la culpabilidad como en las etapas de sentencia, que están siendo empleadas por comercializadores para refinar anuncios y desarrollar nuevos productos, que están siendo vendidas a consumidores para el diagnóstico de trastornos mentales y para la detección de mentiras, y que están siendo utilizadas en argumentos sobre la naturaleza (o ausencia) de conceptos poderosos como el libre albedrío y la personalidad, y la necesidad de que los ciudadanos tengan una comprensión básica de cómo funciona esta tecnología y lo que puede y no puede decirnos se vuelve aún más urgente.
Parens et al. (Sat,) estudiaron esta cuestión.
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