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Este artículo enfatiza cómo los códigos de conducta laboral median una serie de relaciones de poder complejas y en evolución que abarcan desde la política de consumo hasta la política de producción. Argumenta que los códigos de conducta no solo reflejan una división desigual del trabajo – en la que las empresas están estratificadas en tamaño, productividad y condiciones laborales – sino que también la moldean activamente. Usando ejemplos extraídos de industrias de manufactura ligera en China, ilustra cómo los códigos de conducta laboral alimentan estos procesos de desarrollo desigual. En su reacción a la implementación de códigos de conducta a lo largo de las cadenas de suministro globales, algunos proveedores chinos en los niveles más altos de la estructura industrial han buscado sustituir capital por trabajo como una forma de aumentar la productividad más allá de condiciones laborales abusivas. Al mismo tiempo, muchas empresas más pequeñas en niveles inferiores que dependen de formas agresivas de descuento han evolucionado esquemas elaborados de falsificación de procesos e informes de códigos de conducta. Finalmente, las empresas de nivel medio tienden a mostrar un grado de cumplimiento estratégicamente parcial. Las disposiciones de los códigos que empoderan a los trabajadores para autorganizarse son comúnmente socavadas porque tales tendencias amenazan la base política sobre la cual se ha fundamentado la reestructuración de la división global del trabajo en las últimas cuatro décadas.
Marcus Taylor (Sun,) estudió esta cuestión.