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A nivel mundial, los ecosistemas y su flora y fauna constitutiva enfrentan la influencia localizada y a gran escala de las actividades humanas. Los profesionales de la conservación y los gestores ambientales luchan por identificar y mitigar amenazas, revertir disminuciones de especies, restaurar ecosistemas degradados y gestionar recursos naturales de manera sostenible. La investigación científica y la evidencia son cada vez más consideradas como la base para nuevas regulaciones, acciones de conservación e intervenciones de gestión. Los biólogos y gestores de conservación han centrado tradicionalmente su atención en las características (por ejemplo, abundancia, estructura, tendencias) de poblaciones, especies, comunidades y ecosistemas, así como en indicadores simples de las respuestas a perturbaciones ambientales y otras actividades humanas. Sin embargo, entender los mecanismos específicos que subyacen a los problemas de conservación se está volviendo cada vez más importante para la toma de decisiones, en parte porque las herramientas y el conocimiento fisiológicos son especialmente útiles para desarrollar relaciones de causa y efecto, e identificar el rango óptimo de hábitats y umbrales de estrés para diferentes organismos. Cuando se incorpora el conocimiento fisiológico en modelos ecológicos, puede mejorar las predicciones de las respuestas de los organismos al cambio ambiental y proporcionar herramientas para apoyar decisiones de gestión. Sin tal conocimiento, podríamos quedarnos con asociaciones simples. La 'fisiología de la conservación' se ha definido anteriormente con un enfoque en vertebrados, pero aquí redefinimos el concepto de manera universal, para su aplicación a la diversidad de taxones, desde microbios hasta plantas, animales y recursos naturales. También consideramos la 'fisiología' en los términos más amplios posibles; es decir, cómo funciona un organismo, y cualquier mecanismo asociado, desde el desarrollo hasta la bioenergética, pasando por las interacciones ambientales, hasta la aptitud. Además, consideramos que la fisiología de la conservación incluye una amplia gama de aplicaciones más allá de ayudar a poblaciones en peligro, e incluye, por ejemplo, la erradicación de especies invasoras, el perfeccionamiento de estrategias de gestión de recursos para minimizar impactos y la evaluación de planes de restauración. Este concepto de fisiología de la conservación enfatiza la base, la importancia y la relevancia ecológica de la diversidad fisiológica en una variedad de escalas. Los verdaderos avances en conservación y gestión de recursos requieren integración e interdisciplinariedad. La fisiología de la conservación y su conjunto de herramientas y conceptos son una parte clave de la base de evidencia necesaria para abordar los desafíos ambientales apremiantes.
Cooke et al. (Martes,) estudiaron esta pregunta.