Resumen Este artículo explora críticamente la fundamentación ontológica de la IA, situándola dentro de la búsqueda más amplia de certeza que caracteriza el imaginario onto-político occidental. Argumentamos que la IA es una tecnología de certeza, que está anclada en la fragmentación y estandarización del lenguaje que comenzó con la invención del alfabeto griego. Cuestionamos las conceptualizaciones de la IA como una “cosa” y la reconceptualizamos como un hiperobjeto paradójico (Morton), un aparato de creación de mundos (Barad), y un pharmakon (Platón, Derrida, Stengers). Como un hipofármaco, la IA puede funcionar como un veneno y como un remedio sin límites espaciales o temporales. Diseñada para lograr control, produce el efecto paradójico de generar incertidumbre. Desafiamos la suposición de que los efectos paradójicos de la IA pueden ser domesticados mediante prácticas regulatorias prescriptivas y nos basamos en las herramientas conceptuales de la ciencia social cuántica para argumentar a favor de una ética de práctica atenta a la resonancia y a la responsabilidad para navegar la radical ambigüedad de la IA.
Braun et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.
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