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Durante 4 décadas, se han realizado esfuerzos vigorosos basados en la premisa de que la intervención temprana para niños en situación de pobreza y, más recientemente, para niños con discapacidades del desarrollo puede generar mejoras significativas en los resultados cognitivos, académicos y sociales. La historia de estos esfuerzos se resume brevemente y se presenta un marco conceptual para entender el diseño, la investigación y la relevancia de políticas de estas intervenciones tempranas. Este marco, el contextualismo biosocial del desarrollo, se deriva de la ecología social, la teoría de sistemas del desarrollo, la epidemiología del desarrollo y la neurobiología del desarrollo. Esta perspectiva integradora predice que los esfuerzos fragmentados y débiles en la intervención temprana no tienen muchas probabilidades de tener éxito, mientras que las intervenciones intensivas, de alta calidad y ecológicamente abarcadoras sí pueden y lo hacen. La evidencia relevante se resume en 6 principios sobre la eficacia de la intervención temprana. El desafío de la política pública en la intervención temprana es contener costos al dirigir con mayor precisión las intervenciones tempranas hacia aquellos que más las necesitan y se benefician de estas intervenciones. La evidencia empírica sobre los efectos biocomportamentales de la experiencia temprana y la intervención temprana tiene una relevancia directa para el desarrollo de políticas federales y estatales y la asignación de recursos.
Ramey et al. (Jue,) estudiaron esta cuestión.
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