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Cada censo omite a algunas personas, pero aquellos que son pobres, hombres, urbanos, negros y hispanos son los que menos probabilidades tienen de ser contados. En 1980 y 1990, los alcaldes de las grandes ciudades se quejaron de que los subregistros del censo estaban privando a sus comunidades de su correcta representación en el Congreso y de su parte justa de los fondos estatales y federales. Los alcaldes interpusieron demandas para exigir recuentos y correcciones estadísticas al censo. Harvey Choldin cuenta la historia del conflicto entre el personal de la Oficina del Censo y los políticos sobre cómo manejar el subregistro. Los estadísticos de la oficina del censo se encontraban en una situación difícil entre sus propios rigurosos estándares científicos y estas fuertes demandas políticas. Choldin explica los problemas políticos y estadísticos en la controversia del subregistro y describe el importante programa de investigación y desarrollo en el que los estadísticos desarrollaron técnicas innovadoras para medir y corregir los subregistros. Concluye mostrando que, a pesar del subregistro, Estados Unidos tiene un censo excelente.
Un estudio de Sun estudió esta cuestión.