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Resumen No hay duda de que los actuales sistemas de producción-consumo-descarte a nivel global están amenazando las condiciones fundamentales de existencia en este planeta. En respuesta, la urgente necesidad de una transformación total del sistema ha ganado tracción cívica y política, alimentando debates e intervenciones de larga data que buscan recalibrar las prácticas económicas y sociales predominantes. Un debate e intervención de este tipo es el de la economía circular (EC). Aquí, los defensores argumentan que los actuales sistemas lineales de uso de recursos y energía deben reconfigurarse en ciclos de reutilización, reparación, reacondicionamiento y reciclaje, desplazando la producción primaria y disminuyendo las emisiones de gases de efecto invernadero en el proceso. Esta agenda tiene implicaciones potencialmente profundas para aspectos de las prácticas sociales cotidianas. Sin embargo, hasta la fecha, se ha prestado poca atención (políticamente y en la investigación) a cómo la EC interactúa y lo hará con los hábitos, normas y significados cotidianos. En respuesta, este artículo explora algunas de las suposiciones conceptuales subyacentes al ‘consumidor’ de la EC. Argumenta que los debates sobre la EC predominantes están subrayados por una visión empobrecida de nuestras relaciones con culturas materiales complejas, lo que a su vez está creando barreras para la transformación. Basándose en investigaciones empíricas sobre las respuestas a la EC en el Reino Unido y los Países Bajos, este artículo contrasta los desafíos de incitar a los consumidores a adoptar nuevos modelos de negocio eficientes en recursos en contextos de hiperconsumo, con una ‘pequeña historia’ más esperanzadora de espacios circulares pequeños y evidentes, que, sin embargo, incorporan la EC y sus impulsos subyacentes más claramente en lo cotidiano.
Kersty Hobson (Sáb,) estudió esta cuestión.