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Los criterios diagnósticos INCERTOS y la falta de evidencia confirmatoria (como etiologías conocidas o tratamientos específicos) contribuyen a la actual desilusión con la clasificación psiquiátrica, especialmente en la psiquiatría americana. Un resurgimiento del interés en la descripción psiquiátrica de la enfermedad depresiva se ha desarrollado en los últimos años tras los avances en tratamientos y técnicas de investigación. A finales de la década de 1930, se introdujo la terapia electroconvulsiva como un tratamiento somático parcialmente efectivo para la depresión. Más recientemente, se han agregado los inhibidores de la monoamina oxidasa y la familia de antidepresivos imipramina. El descubrimiento de respuestas diferenciales a estos tratamientos ha estimulado el interés en criterios clínicos que permitirán hacer una elección óptima entre ellos.1-3 Estos avances en terapia han ido acompañados de una creciente sofisticación en el estudio de neuroquímicos en laboratorio. Ha habido un interés especial desde 1959 en el papel de la norepinefrina y otras catecolaminas en la enfermedad depresiva.4,5
Saul H. Rosenthal (Mié,) estudió esta cuestión.