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La anfotericina B, el primer fármaco antifúngico comercialmente significativo, ha estado disponible durante más de 30 años. Este agente antifúngico macrólido poliénico sigue desempeñando un papel importante en el tratamiento de infecciones fúngicas sistémicas, a pesar de la introducción de agentes más nuevos como los azoles. Dada la eficacia probada de la anfotericina B—y el aumento en el número de indicaciones para agentes antifúngicos—se justifica una revisión exhaustiva de este fármaco. Este artículo analiza los usos clínicos de la anfotericina B, incluida su aplicación en infecciones fúngicas relacionadas con el SIDA, en pacientes con cáncer neutropénico que presentan fiebre persistente, y en infecciones del sistema nervioso central, pulmón, peritoneo, sistema genitourinario, ojo y piel. El artículo también revisa las reacciones adversas del fármaco, con una discusión sobre las técnicas de administración que pueden reducir estas reacciones, y su espectro de actividad, farmacocinética, y dosificación y administración.
Gallis et al. (Thu,) estudiaron esta cuestión.