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Si bien se han propuesto múltiples versiones de la toma de decisiones compartida (TDS), la mayoría comparte dos elementos aparentemente esenciales: (a) la TDS se centra principalmente en las opciones de tratamiento y (b) el clínico es el principal responsable de proporcionar opciones, mientras que el paciente aporta valores y preferencias. Argumentamos que estos dos elementos hacen que la TDS sea subóptima para la práctica clínica. Sugerimos que la TDS se entienda mejor como una colaboración en todos los aspectos de la atención clínica, con los clínicos necesitando comprometerse plenamente con la experiencia del paciente respecto a la enfermedad y su participación en el tratamiento. La TDS solo puede tener lugar dentro de una asociación continua entre el clínico y el paciente, donde ambos se respetan mutuamente como personas, no como parte de un encuentro aislado. El respeto por el paciente como persona va más allá del respeto por su elección. La no interferencia no es la única forma, ni siquiera la más importante, de respetar la autonomía del paciente. Conocer al paciente como persona y proporcionar un contexto que apoye la autonomía en la atención son cruciales. Es decir, el clínico debe conocer al paciente lo suficiente como para poder responder a la pregunta del paciente "¿Qué harías si fueras yo?" Este enfoque reconoce a los clínicos como personas, exigiendo que comprendan a los pacientes como personas. Proporcionamos ejemplos de tal modelo de TDS y afirmamos que este método pragmático no requiere un tiempo o esfuerzo excesivos por parte de los clínicos o pacientes, pero sí requiere un conocimiento directo y particular del paciente que a menudo se omite en las decisiones clínicas.
Tonelli et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.