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Los flujos migratorios hacia la Unión Europea (UE) han aumentado significativamente en los últimos años, creando preocupación internacional sobre el miedo a la migración irregular, el terrorismo, la integridad territorial y la soberanía. Estos miedos no son en absoluto nuevos y han influido en la formulación de la política de la UE sobre fronteras externas durante varios años. De hecho, a lo largo de los años, los controles fronterizos europeos se han reforzado y fortalecido para contrarrestar la migración irregular a través de una ‘gestión integrada’ de las fronteras externas de la UE (p 27). La UE ha, de hecho, introducido una ‘red de medidas extraterritoriales destinadas a controlar los flujos migratorios en todas sus etapas’. Esto ha significado que los migrantes que desean viajar a Europa enfrentan una manifestación de la frontera externa en varias ocasiones bajo diferentes fachadas, como controles fronterizos en alta mar, procesamiento de visas externalizado, controles de pre-embarque privatizados e interdicciones marítimas, antes de llegar a la frontera física, evocando así imágenes de una ‘Europa Fortaleza’ (p 41). Para los refugiados que buscan protección internacional, el sistema se vuelve así ‘inaccesible’, empujándolos a buscar rutas alternativas, a menudo peligrosas.
Olivia Iannelli (Mon,) estudió esta cuestión.