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La morfología clínica ha demostrado ser esencial para la delineación exitosa de cientos de síndromes y como un poderoso instrumento para la detección de genes (candidatos) (Gorlin et al. 2001; Síndromes de la Cabeza y el Cuello; Oxford: Oxford University Press. 1 p]. El enfoque principal para alcanzar esto ha sido la evaluación clínica cuidadosa de los pacientes, centrada en anomalías congénitas. Un examen físico similar realizado en pacientes que han sido tratados por cáncer infantil puede permitir la detección de patrones concurrentes de anomalías y proporcionar pistas sobre genes causales. En el pasado, se realizaron varios estudios que describían la prevalencia de anomalías en pacientes con cáncer. Sin embargo, en la mayoría de los estudios, no fue posible indicar la relevancia biológica de las anomalías registradas, o juzgar su importancia relativa. ¿Son las anomalías detectadas variantes comunes, y deberían por lo tanto considerarse normales, o son anomalías menores o verdaderas anomalías, indicando una posible causa del desarrollo? La clasificación de elementos en las categorías de variantes comunes (alteraciones de la fenogénesis con una prevalencia >4%), anomalías menores (alteraciones de la fenogénesis con una prevalencia </=4%), y malformaciones (alteraciones de la embriogénesis) debería permitir sopesar la importancia de los elementos anotados en la población estudiada, y debería facilitar la evaluación de alteraciones del desarrollo (si las hay) en un grupo de estudio. La falta de consenso publicado en la literatura nos llevó a producir una lista de clasificación con un objetivo dual. Primero, queríamos mejorar la uniformidad en la anotación y clasificación de hallazgos físicos aparentemente anormales mediante una nomenclatura para errores de morfogénesis detectables en el examen superficial, y en segundo lugar un sistema de clasificación uniforme. Esto debería permitir a los investigadores evaluar sistemáticamente la presencia de patrones en anomalías fenotípicas, en la población general, y en pacientes con diversos trastornos, sospechosos de ser una anomalía del desarrollo. Además, se pueden obtener valores normales de esta manera. En segundo lugar, la lista permitirá determinar la importancia de los síntomas recolectados en una población de estudio. Probamos la viabilidad de la aplicación de la lista de clasificación en una población de estudio: la lista fue piloteada en un grupo de pacientes que han tenido cáncer durante la infancia, para detectar patrones de anomalías relacionadas con tipos específicos de tumores.
Merks et al. (Thu,) estudiaron esta cuestión.
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