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Una división del trabajo entre los sexos ha sido reconocida durante mucho tiempo por economistas, sociólogos y otros científicos del comportamiento como (1) la forma original y más básica de especialización económica e intercambio, y como (2) la base más fundamental del matrimonio y la familia y, por ende, la fuente última de todas las formas de organización de parentesco. En general, sin embargo, los académicos han centrado su atención principal en las consecuencias en lugar de las causas de la división del trabajo por sexo, buscando, por ejemplo, determinar su relación con cuestiones como el estatus de las mujeres y las formas de organización social. En este documento, el énfasis se desplaza a una indagación sobre los factores que rigen la asignación de tareas particulares a hombres o mujeres en las culturas del mundo.
Murdock et al. (Sun,) estudiaron esta cuestión.