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Diferentes factores físicos y químicos, como la luz, la temperatura, la humedad relativa, los contaminantes, etc., pueden afectar las obras de arte exhibidas. Cada factor no actúa individualmente, sino que su efecto puede ser potenciado o acelerado por la presencia de otros factores. Por lo tanto, se reconoce que una evaluación del impacto del entorno en su conjunto sobre los objetos de arte es un requisito esencial para fines de conservación. Para cumplir con las directrices más actualizadas sobre conservación preventiva, en los últimos años, varios proyectos científicos apoyados por la CE se han dirigido al desarrollo de herramientas innovadoras que puedan complementar los métodos estándar de monitoreo ambiental en museos. Estos proyectos de investigación produjeron una nueva generación de sensores pasivos que son capaces de tener en cuenta los efectos ambientales generales al imitar de alguna manera el comportamiento de obras de arte reales. El objetivo principal del presente artículo es proporcionar un análisis de estos sensores, que representan una nueva frontera en el control ambiental en museos. Además, se ilustrará el uso de fibras ópticas, tanto como sensores intrínsecos como dispositivos para interrogar sensores, y se informará sobre ejemplos de su uso en el campo del patrimonio cultural.
Bacci et al. (Sat,) estudiaron esta cuestión.
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