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La noción de que hay un 'cerebro social' en los humanos especializado en interacciones sociales ha recibido un considerable apoyo de la imagenología cerebral y, en menor medida, de estudios de lesiones. Comienzan a surgir roles específicos para los diversos componentes del cerebro social. Por ejemplo, la amígdala otorga valor emocional a las caras, lo que nos permite reconocer expresiones como el miedo y la confianza, mientras que el surco temporal superior posterior predice el punto final de las trayectorias complejas creadas cuando los agentes actúan sobre el mundo. Ha resultado más difícil asignar un papel a la corteza prefrontal medial, que se activa de manera consistente cuando las personas piensan en estados mentales. Sugiero que esta región puede tener un papel especial en las representaciones de segundo orden necesarias para los actos comunicativos cuando tenemos que representar la representación de otro sobre nuestro propio estado mental. Estos procesos cognitivos no son específicamente sociales, ya que pueden aplicarse en otros dominios. Sin embargo, estos procesos cognitivos han sido llevados a niveles cada vez más altos de sofisticación por las complejidades de la interacción social.
Chris Frith (Wed,) estudió esta cuestión.
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