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Gracias a su afinidad molecular con las hormonas naturales, los disruptores endocrinos (DEs) pueden interferir en el sistema endocrino activando o bloqueando la transducción de señales del receptor. Según la Organización Mundial de la Salud, los DEs y los posibles DEs son en su mayoría de origen humano, y se encuentran en varios materiales como pesticidas, metales, productos de cuidado personal, aditivos o contaminantes en los alimentos, y la exposición humana a los DEs ocurre a través de la ingestión de alimentos, polvo y agua, la inhalación de gases y partículas en el aire, y a través de la piel. En 2015, la Sociedad Endocrina publicó su segundo informe científico sobre la evidencia de que los DEs tienen efectos en la reproducción femenina, el desarrollo mamario y los cánceres sensibles a hormonas en mujeres, como el cáncer de mama, el cáncer endometrial y el cáncer de ovario. Por lo tanto, se necesitan campañas de prevención para reducir la exposición femenina a los DEs y, en consecuencia, la carga de mortalidad de los cánceres femeninos sensibles a hormonas.
Luca Roncati (Tue,) estudió esta cuestión.