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Nuestro sentido del tacto nos permite reconocer la textura y la forma y agarrar objetos. El desafío de crear una piel electrónica que pueda emular el tacto para aplicaciones como un robot humanoide o cirugía mínimamente invasiva y remota radica tanto en imitar las propiedades mecánicas (pasivas) de la dermis como en las características del mecanismo de detección, especialmente la naturaleza digital intrínseca de las neuronas. Se ha avanzado significativamente en el desarrollo de una piel electrónica utilizando una variedad de materiales y conceptos físicos, pero el desafío de emular el sentido del tacto permanece. Recientemente, se desarrolló un nanodispositivo que ha logrado la resolución para descifrar el toque al nivel del dedo humano; esta resolución representa más de un orden de magnitud de mejora sobre dispositivos anteriores con un área de detección mayor que 1 cm². Con sus robustas propiedades mecánicas, este nuevo sistema representa un paso importante hacia la realización del tacto artificial.
Maheshwari et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.