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El rápido progreso industrial en las últimas cinco décadas ha resultado en un enorme aumento en la velocidad computacional, acompañado por el desarrollo de dispositivos y componentes físicos cada vez más pequeños. Las computadoras a finales de la década de 1940 pesaban 30 toneladas y ocupaban varios miles de metros cuadrados. Hoy en día, los microprocesadores tienen unos pocos centímetros cuadrados de tamaño. Si este ritmo de progreso continúa, la información podría pronto codificarse en unos pocos átomos, lo que podría eventualmente llevar a un cambio de la computación clásica a la cuántica.
Plenio et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.