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Los estados de bienestar nacionales están obligados por su lógica a ser sistemas cerrados que buscan aislarse de presiones externas y que restringen derechos y beneficios a sus miembros. No obstante, no logran estar perfectamente delimitados en una economía global marcada por la competencia, la interdependencia y la desigualdad extrema. Este artículo explora las consecuencias de los flujos transnacionales de mano de obra tanto para el estatus de los migrantes que se trasladan a los estados de bienestar como para la viabilidad de los propios estados de bienestar. Se discuten las consecuencias de la migración para la estabilidad fiscal y política de los estados de bienestar, y se argumenta que la migración ha contribuido a la americanización de la política del bienestar europeo. Se concluye que el movimiento relativamente libre de mano de obra a través de fronteras nacionales expone la tensión entre los estados de bienestar cerrados y las economías abiertas y que, en última instancia, los estados de bienestar nacionales no pueden coexistir con el libre movimiento de mano de obra.
Gary P. Freeman (jue,) estudió esta cuestión.