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Resumen: Los corredores de hábitat se han vuelto populares en los planes de uso del suelo y estrategias de conservación, sin embargo, pocos datos están disponibles para apoyar o refutar su valor. Simberloff y Cox (1987) han criticado lo que consideran una aceptación acrítica de los corredores en la planificación de la conservación. Cualquier estrategia de conservación razonable debe abordar el abrumador problema de la fragmentación del hábitat. Aunque Simberloff y Cox utilizan analogías insulares para ilustrar las ventajas de la aislamiento, estas analogías no se aplican directamente a los problemas en la planificación del paisaje. La genética tampoco ofrece consejos inequívocos, pero las historias de vida de los animales de amplios rangos (por ej., el puma de Florida) sugieren que el mantenimiento o la restauración de la conectividad en el paisaje es una estrategia prudente. La translocación de individuos entre reservas—considerada por Simberloff y Cox una alternativa viable a la dispersión natural—es impráctica para comunidades enteras de especies que probablemente sufrirán problemas relacionados con la fragmentación. Muchos de los posibles inconvenientes de los corredores podrían evitarse o mitigarse ampliando el ancho de los corredores o aplicando regulaciones de zonificación ecológicamente sólidas. Los corredores no son la solución a todos nuestros problemas de conservación, ni deberían usarse como justificación para reservas pequeñas. Pero los corredores pueden ser un complemento rentable a la estrategia de grandes y múltiples reservas en paisajes de la vida real.
Reed F. Noss (Sat,) estudió esta cuestión.
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