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La mayoría de las muertes maternas en países en desarrollo son prevenibles. El reconocimiento, que llega tarde, de este trágico hecho, junto con la creciente evidencia de la magnitud del problema, ha reforzado la necesidad de interpretar estas muertes desde la perspectiva de la familia. Las medidas convencionales de mortalidad materna ocultan el impacto de estas tragedias familiares, ya que reflejan de manera inadecuada la influencia del nivel y patrón de la fertilidad y el riesgo vital de tener hijos. Estas inadecuaciones tienen importantes implicaciones para los programas. Utilizando datos de una selección de países en desarrollo, el artículo muestra que las mujeres en su periodo reproductivo óptimo contribuyen con el mayor número de muertes maternas. Estas mujeres también tienen el mayor número de hijos jóvenes y dependientes cuya propia supervivencia y bienestar pueden verse gravemente comprometidos por la muerte de su madre. En muchos países en desarrollo, la atención materna suele dirigirse a mujeres fuera del periodo óptimo de procreación que, aunque tienen el mayor riesgo de morir una vez que quedan embarazadas, también tienen mucha menos probabilidad de estar embarazadas en primer lugar y tendrán relativamente menos hijos dependientes. Esta estrategia limita la posible reducción en el número de muertes maternas y pasa por alto las más amplias repercusiones familiares de estos trágicos eventos.
Graham et al. (Thu,) estudiaron esta cuestión.