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La pérdida de la capacidad de comer de forma independiente es un problema importante para los ancianos institucionalizados. Pocos estudios han examinado los factores asociados con la pérdida de capacidad funcional para comer. Los autores estudiaron de forma transversal a 240 residentes de una instalación de enfermería especializada, clasificaron su estado funcional de alimentación, identificaron déficits correlacionados y siguieron a estos residentes durante seis meses. La información se recopiló a través de cuestionarios, revisión de historias clínicas y exámenes físicos. Los residentes se estratificaron en grupos de estado de alimentación independiente (68%, N = 164) y dependiente (32%, N = 76) de acuerdo con la necesidad de asistencia física durante las comidas. El estado de dependencia no se correlacionó con la edad (P = .88) ni con la pérdida de peso (P = .27). La pérdida de independencia en la alimentación se asoció con movilidad reducida (P = .0001), cognición deteriorada (P = .0001), dietas de consistencia modificada (P = .0001), disfunción de extremidades superiores (P = .0001), exámenes orales-motores anormales (P = .0002), ausencia de dientes y dentaduras (P = .002), indicadores de comportamiento de etapas anormales orales y faríngeas de la deglución (P = .0001) y aumento de la mortalidad dentro de seis meses (P = .0001). Por lo tanto, la dependencia alimentaria está asociada con múltiples discapacidades y mortalidad temprana.
Siebens et al. (Sat,) estudiaron esta cuestión.