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La capacidad de las células cancerosas de proliferar en ausencia de adhesión a proteínas de la matriz extracelular (MEC), denominada independencia de anclaje del crecimiento, correlaciona estrechamente con la tumorogenicidad en modelos animales. Esta propiedad de las células cancerosas refleja presumiblemente la tendencia de las células tumorales a sobrevivir y crecer en ubicaciones inapropiadas in vivo. Tal localización incorrecta, como ocurre en la invasión y metástasis, es la característica que distingue los tumores malignos de los benignos. Se ha avanzado mucho en los últimos 20 años hacia la comprensión de cómo se controla el crecimiento en células normales y cómo los oncogenes usurpan estos controles. Sin embargo, los estudios sobre cómo los oncogenes (o la pérdida de supresores tumorales) superan los mecanismos que gobiernan la ubicación celular han sido considerablemente insuficientes. El hallazgo de que las integrinas transducen señales que influyen en las vías reguladoras intracelulares de crecimiento proporcionó cierta comprensión de la dependencia de anclaje. La evidencia disponible indica que las señales dependientes de integrina median el requerimiento de crecimiento para la adhesión celular a proteínas de la MEC. Nuestra comprensión de la señalización de integrinas ha alcanzado ahora un nivel en el que las conexiones con la oncogénesis se están volviendo claras, lo que nos permite situar a varios proto-oncogenes y oncogenes con respecto a su dependencia o independencia de adhesión. Aunque muchos detalles de los mecanismos moleculares siguen sin esclarecerse, ahora hay suficiente información para proponer un marco general sobre cómo los oncogenes conducen al crecimiento independiente de anclaje.
Martin A. Schwartz (Mon,) estudió esta cuestión.