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OBJETIVOS: Muchos países de ingresos bajos y medianos han introducido pensiones sociales para aliviar la pobreza extrema y mejorar el bienestar de las personas mayores. Sin embargo, la evidencia sigue siendo inconclusa sobre los efectos potenciales de tales programas en la salud mental, los comportamientos sociales y de salud. MÉTODOS: Los datos de individuos de 60 años o más provienen de la Encuesta Nacional de Salud, Bienestar y Envejecimiento de Colombia 2015 (N = 9,456). Utilizamos el emparejamiento por puntuación de propensión para estimar la asociación entre el programa de pensiones sociales del país (Colombia Mayor) con la depresión, la salud autoevaluada, la inseguridad alimentaria, el consumo de alcohol, la participación social y la participación en la fuerza laboral. RESULTADOS: Los resultados muestran que recibir el programa no afecta significativamente la probabilidad de sufrir de depresión o de tener una salud autoevaluada entre hombres o mujeres. Sin embargo, recibir el programa está asociado con reducciones significativas en la probabilidad de experimentar inseguridad alimentaria y aumentos significativos en la probabilidad de participar socialmente. Entre las mujeres, recibir el programa está asociado con una reducción significativa en la probabilidad de participar en la fuerza laboral. DISCUSIÓN: La ausencia de un efecto medible en la depresión y la salud autoevaluada puede explicarse, al menos en parte, por el beneficio en efectivo relativamente pequeño del programa y la compartición de recursos con otros miembros de la familia. Los responsables de políticas deberían evaluar las posibilidades de maximizar los beneficios para la salud y sociales de las pensiones sociales.
Hessel et al. (Vier,) estudiaron esta cuestión.
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