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Bruner, al reevaluar la revolución cognitiva, argumenta la centralidad de la ‘creación de significado’ en la actividad humana, afirmando que los niños aprenden a dar significado a lo que las personas hacen a medida que aprenden el lenguaje y las prácticas sociales de su cultura. El papel de la atribución de estados mentales a otros ha sido estudiado intensamente en la última década en un nuevo área de investigación que ha llegado a conocerse como la ‘teoría de la mente’ de los niños. Los investigadores en este campo que, a diferencia de Bruner, ven la psicología como una ciencia empírica natural, consideran al niño como un constructor de una teoría causal para explicar y predecir la acción humana. Basan sus argumentos principalmente en la observación experimental del rendimiento de los niños en tareas de laboratorio, especialmente la tarea de ‘creencia falsa’. En contraste, muchos investigadores que adoptan la visión de Bruner estudian el desarrollo de la comprensión social en la observación naturalista de la interacción de los niños con sus pares y miembros de la familia. En este artículo examinamos las relaciones entre estas perspectivas y sugerimos que el verdadero desafío de la revolución cognitiva es unir los dos enfoques, para lograr una explicación causal y naturalista de la adquisición y elaboración de la creación de significado.
Astington et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.