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Desde tiempos inmemoriales, la poesía y la religión han estado vinculadas. Lucrecio, Tomás de Celano y San Juan de la Cruz proporcionan ejemplos icónicos. Ambos implican un discurso no literal, como lo explicaron Orígenes, Agustín y Tomás de Aquino. Necesitamos distinguir entre alegoría, parábola, metáfora y analogía. Al hablar de Dios, usamos tanto predicados corporales como mentalistas: ambos solo pueden entenderse metafóricamente. Esto se ilustra mediante un examen de "Padre nuestro que estás en los cielos". Incluso para Aquino, la noción de paternidad era metafórica, y la noción bíblica de cielo no puede sobrevivir en ningún sentido literal en un mundo de física newtoniana. La naturaleza metafórica del lenguaje religioso no descarta la posibilidad de la oración, como lo ilustra A.H. Clough.
Anthony Kenny (Fri,) estudió esta cuestión.