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Las teorías sobre los correlatos neuronales y la relevancia funcional de la conciencia han asignado tradicionalmente un papel crucial a la corteza prefrontal en la generación de la conciencia, así como en la orquestación del control consciente de alto nivel sobre el comportamiento. Sin embargo, hallazgos neurocientíficos recientes muestran que la corteza prefrontal puede ser activada de manera inconsciente. La profundidad, dirección y alcance de estas activaciones dependen de varios factores de arriba hacia abajo, como la tarea que se está evaluando (conjunto de tareas, estrategia) y de la atención (temporal/espacial). No obstante, tales activaciones —cuando son mediadas únicamente por activación de retroalimentación— no conducen a una sensación consciente. Aunque son inconscientes, estas activaciones prefrontales son funcionales, en el sentido de que están asociadas con efectos comportamentales del control cognitivo, como la inhibición de respuestas, el cambio de tareas, la monitorización de conflictos y la detección de errores. Estos hallazgos desafían el papel fundamental de la corteza prefrontal en la conciencia. En cambio, parece que áreas cerebrales específicas (o módulos cognitivos) pueden apoyar funciones cognitivas específicas, pero que la conciencia es independiente de esto. Las sensaciones conscientes surgen solo cuando las áreas cerebrales involucradas participan en interacciones recurrentes que permiten el intercambio prolongado de información entre regiones cerebrales. Además, evidencia reciente sugiere que el estado de conciencia, por ejemplo, en pacientes en estado vegetativo o durante el sueño y la anestesia, está estrechamente relacionado con el alcance y la extensión de interacciones recurrentes residuales entre regiones cerebrales.
Gaal et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.
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