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HAY dos fenómenos específicamente humanos mediante los cuales se caracteriza la existencia humana. El primero está constituido por la capacidad del hombre para el desapego (Frankl, 1964). Otra capacidad del hombre es la autotrascendencia (Frankl, 1965a). De hecho, es una característica constitutiva del ser humano que siempre apunta y se dirige hacia algo más allá de sí mismo. Por lo tanto, es una grave malinterpretación del hombre tratarlo como si fuera un sistema cerrado. En realidad, ser humano significa profundamente estar abierto al mundo, un mundo, es decir, que está repleto de otros seres con los que encontrarse y con significados que cumplir. Esta calidad autotrascendente de la existencia humana es ignorada y descuidada por aquellas teorías motivacionales que se basan en el principio de la homeostasis. Según estas teorías, el hombre está básicamente preocupado por mantener o restaurar un equilibrio interno y, para ello, por reducir tensiones. En última instancia, esto también es
Viktor E. Frankl (Fri,) estudió esta cuestión.
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