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En tres estudios experimentales, proporcionamos una prueba empírica de cómo la grosería afecta el rendimiento de tareas y la disposición a ayudar. Diferentes formas de grosería—grosería instigada por una figura de autoridad directa, grosería entregada por un tercero y grosería imaginada—convergen para producir los mismos efectos. Los resultados de estos estudios mostraron que la grosería reduce el rendimiento en tareas rutinarias así como en tareas creativas. También encontramos que el comportamiento grosero disminuyó la disposición a ayudar. Examinamos los procesos que mediaron la relación entre grosería y rendimiento y encontramos evidencia de que la interrupción de los procesos cognitivos mediaba completamente esa relación.
Porath et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.