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En este artículo, Juanita Johnson-Bailey, una profesora negra, y Ronald M. Cervero, un profesor blanco, examinan y contrastan sus vidas académicas explorando cómo la raza y el género han influido en sus trayectorias y experiencias. Utilizando extractos de diarios, ejemplos personales y una lista comparativa de privilegios, los autores presentan una imagen de sus realidades diferentes en una universidad de investigación. La representación de sus cuarenta años colectivos en la academia revela que los hombres blancos y las mujeres negras son considerados y tratados de manera diferente por colegas y estudiantes. Las manifestaciones de este trato desigual son evidentes principalmente en las interacciones en el aula y entre el profesorado. Un examen de las relaciones de los profesores con las personas y con su institución ilustra que, en general, la mujer negra a menudo es relegada a una existencia de segunda clase caracterizada por hostilidad, aislamiento y falta de respeto, mientras que el hombre blanco vive una vida académica ideal como un académico respetado que disemina conocimiento, entiende la complejidad y encarna la objetividad.
Johnson‐Bailey et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.