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Está bien documentado que el síndrome metabólico predispone a los pacientes a un mayor riesgo cardiovascular. Los datos emergentes indican que el riesgo cardiovascular conferido por el síndrome metabólico depende en gran medida del sexo y del estado de las hormonas sexuales a lo largo de la vida. Tanto las hormonas sexuales masculinas como femeninas, así como los propios cromosomas sexuales, contribuyen al desarrollo de la obesidad e intervienen en el control de la homeostasis de la insulina y la presión arterial. Además, hombres y mujeres desarrollan riesgo cardiometabólico asociado a la edad de manera específica según el sexo en asociación con cambios en estos niveles hormonales sexuales. Por lo tanto, la noción actual del síndrome metabólico como un diagnóstico independiente del sexo está anticuada, y son necesarios estudios novedosos y ensayos clínicos que utilicen estas diferencias sexuales conocidas en el desarrollo de la disregulación metabólica y el riesgo cardiometabólico.
Faulkner et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.
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