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En este artículo, el autor reflexiona sobre su experiencia como teórico y practicante en la planificación canadiense. Se identifica la falta de un fundamento teórico riguroso para la práctica de la planificación. Se presentan tres razones para esto: el efecto inhibidor de la práctica diaria, la falta de un verdadero discurso entre teóricos y practicantes y, lo más importante, la prevalencia de ideologías de planificación antipolíticas. En un intento por contrarrestar los efectos místicos y perjudiciales de estas ideologías, el autor propone un marco teórico diseñado tanto para cerrar la brecha entre la teoría y la práctica como para restaurar el nexo perdido entre la planificación y la justicia social.
Maureen Kiernan (Mar,) estudió esta cuestión.