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Si tuviéramos máquinas que pudieran escuchar como lo hacen los humanos, esperaríamos que pudieran distinguir fácilmente el habla de la música y los ruidos de fondo, extraer las partes de habla y música para un tratamiento especial, saber de qué dirección provienen los sonidos, aprender qué ruidos son típicos y cuáles son dignos de mención. Las máquinas de audición deberían ser capaces de organizar lo que oyen; aprender nombres para objetos, acciones, eventos, lugares, estilos musicales, instrumentos y oradores reconocibles; y recuperar sonidos en función de esos nombres. Estas máquinas deberían ser capaces de escuchar y reaccionar en tiempo real, tomar medidas apropiadas al oír eventos notables, participar en actividades en curso, ya sea en fábricas, en actuaciones musicales o en conversaciones telefónicas.
Richard F. Lyon (Mié,) estudió esta cuestión.
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