Los puntos clave no están disponibles para este artículo en este momento.
Desde mediados de la década de 1970, los aumentos en los flujos de refugiados han coincidido con una creciente falta de voluntad de los estados para otorgar asilo. La transformación resultante del régimen internacional de refugiados tiene un carácter ad hoc y se centra en gran medida en abordar problemas en o cerca del país de origen. Los estados son reacios a extender sus obligaciones legales y no han ampliado la definición formal de 'refugiado' para incluir a aquellos que huyen de la guerra, la anarquía, la desposesión y la hambruna. La repatriación forzada ha resurgido. Sin embargo, la asistencia ha aumentado y se han producido innovaciones. El presupuesto de ACNUR aumentó drásticamente hasta 1996. Los 'desplazados internos'—aquellos cuya huida no implica cruzar fronteras internacionales— han recibido ayuda sustancial. El Consejo de Seguridad de la ONU ha mencionado con frecuencia cuestiones de refugiados como base para autorizar acciones militares. Se han hecho esfuerzos sin precedentes para promover el regreso de los refugiados. Los nuevos desarrollos requieren un examen de la seguridad de las poblaciones vulnerables, ya sea en su propio país o en campamentos de emergencia en el extranjero—una cuestión que resultó particularmente problemática en las crisis de refugiados de la década de 1990. Un enfoque más intervencionista hacia los flujos de refugiados es inevitable.
Adam Roberts (Martes,) estudió esta cuestión.