Resumen Hace un cuarto de siglo, en Tampere, los líderes europeos llegaron a un compromiso sistémico para desarrollar una política común de inmigración y asilo. A pesar de las enormes divergencias de intereses entre los estados, y en particular entre los países del norte y del sur de Europa, se implementó un modelo de política migratoria que se puede describir como un "monstruo amable". Los estados europeos renovaron su compromiso con un régimen muy liberal para la protección de los solicitantes de asilo en territorio europeo, pero lo acompañaron con un refuerzo muy fuerte de los mecanismos para prevenir la entrada de potenciales solicitantes de asilo en estos territorios. El "monstruo amable" funcionó durante mucho tiempo. Pero desde 2015-2016, este modelo comenzó a resquebrajarse cada vez más. Esto se reflejó en crecientes tensiones tanto a nivel europeo como a nivel de los países individuales. Sin embargo, la última década de la política europea se puede describir como "más de lo mismo". Sobre todo, la dimensión del control ha prevalecido sobre la de la acogida, y se han hecho esfuerzos para hacer el monstruo menos amable. Sin embargo, el resultado deja mucho que desear. ¿Es esta tendencia inevitable, o hay alternativas?
Giuseppe Sciortino (jue,) estudió esta cuestión.
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