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Se espera que la incidencia de la enfermedad de Parkinson (EP) aumente a medida que nuestra población envejece y probablemente ponga a prueba la capacidad proyectada de nuestro sistema de salud. A pesar de ser el trastorno del movimiento más común, ha habido pocos avances terapéuticos no invasivos para las personas con EP desde el primer ensayo clínico con levodopa en 1961. El estudio de la patogénesis de la EP, combinado con una apreciación de los mecanismos bioquímicos por los cuales la actividad física y el ejercicio pueden afectar la fisiología, ha dado lugar a hipótesis emergentes sobre nuevos factores de riesgo modificables para la EP. La actividad física y el ejercicio como medio para prevenir la EP, o mantener la funcionalidad de las personas con EP, son un área prometedora de investigación. Por el contrario, la inactividad física está implicada en muchos estados de enfermedad, algunos de los cuales también están correlacionados con el desarrollo de la EP, como el síndrome metabólico. La relación primaria entre estas enfermedades probablemente se encuentra en una inflamación aumentada y un estrés oxidativo a nivel celular. La actividad física y el ejercicio como medio para atenuar la inflamación han llevado a un interés creciente en los posibles objetivos terapéuticos relacionados para la EP. En última instancia, estos hallazgos pueden traducirse en terapias de bajo costo y de disponibilidad universal para la modificación o prevención de la enfermedad de Parkinson. © 2016 International Parkinson and Movement Disorder Society.
LaHue et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.