La práctica actual de los asuntos estudiantiles perpetúa la creencia de que la empatía — nuestra capacidad de entender y compartir los sentimientos de los demás — es la base del compromiso interpersonal e institucional positivo con los colegas y la comunidad en general. Insistimos en "ponernos en los zapatos de otro", nos enseñamos a escuchar sin juzgar y abordamos la resolución de conflictos a través de un marco emocional. La mayor parte del tiempo funciona de manera significativa, pero en otras ocasiones, la empatía nos falla. Nos falla cuando restringe en lugar de expandir la comprensión, cuando prioriza la similitud a expensas de la justicia y cuando, paradójicamente, amplía las divisiones exactas que esperamos sanar.
Esther Y. Siagian Rosbrook (Mon,) estudió esta cuestión.
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