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El accidente cerebrovascular isquémico agudo es la tercera causa principal de muerte en los países industrializados y la causa más frecuente de discapacidad permanente en adultos en todo el mundo. A pesar de los avances en la comprensión de la fisiopatología de la isquemia cerebral, las opciones terapéuticas siguen siendo limitadas. En la actualidad, solo el activador tisular del plasminógeno recombinante (rt-PA) para trombólisis está aprobado para su uso en el tratamiento de esta devastadora enfermedad. Sin embargo, su empleo se encuentra limitado por su estrecha ventana terapéutica (tres horas), complicaciones derivadas esencialmente del riesgo de hemorragia y el daño potencial por la lesión de isquemia/reperfusión. Dos mecanismos fisiopatológicos importantes implicados durante el ictus isquémico son el estrés oxidativo y la inflamación. El tejido cerebral no está bien dotado de defensas antioxidantes, por lo que las especies reactivas de oxígeno y otros radicales libres/oxidantes, liberados por las células inflamatorias, amenazan la viabilidad del tejido en las proximidades del núcleo isquémico. Esta revisión abordará los aspectos moleculares del estrés oxidativo y la inflamación en el ictus isquémico, así como las posibles estrategias terapéuticas dirigidas a la neuroinflamación y al sistema inmunitario innato. En la actualidad, se sabe poco sobre los mecanismos inmunitarios contrarreguladores endógenos. No obstante, estudios recientes que demuestran que las células T reguladoras son inmunomoduladores cerebroprotectores clave tras el ictus sugieren que dirigirse a la respuesta inmunitaria adaptativa endógena podría ofrecer nuevas y prometedoras terapias neuroprotectoras.
Lakhan et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.
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