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PARA reproducirse y multiplicarse, cada célula debe ejecutar una serie ordenada de eventos, generalmente denominada ciclo celular, en algún momento durante su ciclo de vida. Inicialmente se pensó que el ciclo celular constaba de mitosis e interfase, según se determinó a partir del análisis morfológico. A medida que se desarrollaron nuevas técnicas, se detectó un período de síntesis de ADN, la fase S; este estaba separado temporalmente de la mitosis previa por un “intervalo”, la fase G1, y de la mitosis subsiguiente por otro “intervalo”, la fase G2 (Fig. 1). La fase G1 es la fase de decisión en la que las células se comprometen a someterse a otra ronda de síntesis de ADN y continuar con el ciclo, o bien a salir del ciclo celular para entrar en un estado quiescente frecuentemente denominado G0. Las células en la fase G0 se diferencian terminalmente o reanudan la proliferación tras la adición de un mitógeno apropiado (Fig. 1). Cuando se completa la síntesis de ADN, las células normalmente avanzan a la mitosis. La regulación de esta serie de eventos es de primordial interés para el endocrinólogo, ya que el control preciso del destino celular es un elemento esencial en la acción hormonal. Durante la última década, los análisis genéticos en hongos y los estudios bioquímicos en especies de vertebrados e invertebrados han dado lugar a la identificación de proteínas reguladoras clave que controlan específicamente la progresión a través de los puntos de decisión del ciclo celular. Sin embargo, el proceso global es muy complejo y el control de la proliferación celular es el resultado de una regulación coordinada de múltiples vías bioquímicas que integran señales tanto intracelulares como extracelulares. Muchos componentes críticos de estas vías aún quedan por dilucidar.
Lu et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.
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