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La albuminuria es una consecuencia de la inflamación y el daño vascular, pero también de la disfunción y el daño de los podocitos. Con respecto a la práctica actual, los niveles de albuminuria de 300 mg/g son muy altos, siendo niveles inferiores marcadores de enfermedad en lugar de causa de enfermedad. Este concepto se refiere a la albuminuria como un continuo que refleja un alto riesgo cardiovascular a niveles bajos y un alto riesgo de enfermedad renal a niveles de >200 mg/día. La evaluación de la albuminuria urinaria podría, por lo tanto, ayudar con la detección temprana y la mejora del proceso inflamatorio vascular, siendo actualmente utilizada la relación de albumina:creatinina en muestra puntual para este propósito. Las comorbilidades más comunes relacionadas con la albuminuria son diabetes mellitus con hiperinsulinemia, hipertensión, dislipidemia y obesidad. El control de estos factores de riesgo es esencial para los pacientes con altos niveles de albuminuria. Sin embargo, la intervención terapéutica para la albuminuria muy alta se orienta a la reducción del riesgo cardiovascular y renal mediante la mejora del control de la presión arterial a <130/80 mmHg y favorece el uso de bloqueadores del sistema renina-angiotensina-aldosterona como un enfoque inicial.
Lazich et al. (2011) estudiaron esta cuestión.
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