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Dado que la enfermedad de Alzheimer (EA) no tiene cura ni tratamiento preventivo, existe una necesidad urgente de encontrar un medio para prevenir, retrasar la aparición o revertir el curso de la enfermedad. La evidencia clínica y epidemiológica sugiere que los factores de estilo de vida, especialmente la nutrición, pueden ser cruciales en el control de la EA. Las elecciones de estilo de vida poco saludables llevan a una creciente incidencia de obesidad, dislipidemia e hipertensión, componentes del síndrome metabólico. Estos trastornos también pueden estar relacionados con la EA. Investigaciones recientes respaldan la hipótesis de que la ingesta calórica, entre otros factores no genéticos, puede influir en el riesgo de demencia clínica. En estudios con animales, una alta ingesta calórica en forma de grasa saturada promovió la amiloidosis tipo Alzheimer, mientras que la restricción calórica a través de una ingesta reducida de carbohidratos la previno. A la espera de más estudios, es prudente recomendar a aquellos con riesgo de EA, por ejemplo, con antecedentes familiares o características del síndrome metabólico, como obesidad, insensibilidad a la insulina, etc., que eviten alimentos y bebidas con azúcares añadidos; que consuman alimentos integrales y sin refinar con grasas naturales, especialmente pescado, nueces y semillas, aceitunas y aceite de oliva; y que minimicen alimentos que alteren el equilibrio de insulina y azúcar en sangre.
Pasinetti et al. (Mon,) estudiaron esta pregunta.