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La enfermedad benigna proliferativa de mama es un marcador de mayor riesgo de cáncer de mama, sin embargo, se sabe poco sobre su etiología. La mayoría de los estudios sobre la enfermedad benigna de mama se han centrado solo en factores de riesgo en la adultez, a pesar de la creciente evidencia de que los factores en la vida temprana influyen en el riesgo de cáncer de mama. Exploramos las relaciones de varios factores de la vida temprana con la incidencia de enfermedad benigna proliferativa de mama entre 71,896 mujeres premenopáusicas en el Estudio de Salud de Enfermeras II que recordaron su gordura corporal a edades tempranas, la actividad física en la adolescencia, el peso al nacer y la historia de haber sido amamantadas. Entre 1991 y 1997, 901 de estas mujeres fueron identificadas como teniendo enfermedad benigna proliferativa de mama a partir de una revisión patológica centralizada. Se estimaron riesgos relativos (RR) y intervalos de confianza del 95% (95% CI) a partir de modelos de riesgos proporcionales de Cox. Una mayor gordura corporal en la infancia (edades 5-10) se asoció con una disminución del riesgo de enfermedad benigna proliferativa de mama; el RR multivariado (95% CI) para las más con sobrepeso en comparación con las más delgadas fue de 0.61 (0.44-0.86; P(trend) <= 25 kg/m(2) en comparación con quienes tenían <19 kg/m(2) (P(trend) = 0.001). No hubo asociaciones claras para la actividad física en la adolescencia, el peso al nacer o el hecho de haber sido amamantadas. Estos resultados indican que las mujeres premenopáusicas que eran más pesadas a edades tempranas tienen una menor incidencia de enfermedad benigna proliferativa de mama, consistente con hallazgos previos para el cáncer de mama.
Baer et al. (Jue,) estudiaron esta cuestión.