Utilizando el drama cinematográfico Ordet (1955) de Carl Th. Dreyer, este artículo tiene como objetivo aclarar hasta qué punto el lenguaje cinematográfico de Dreyer puede asociarse con ideas y principios de fe luterana-protestante. Se argumenta que, para el espectador, la película asume una función similar a la de la ley en el proceso de justificación del hombre por parte de Dios, tal como lo describe Lutero. Al retratar una relación entre el hombre y Dios que está marcada por la distancia, la película llama la atención sobre la necesidad de redención del hombre. Además, la obra de Dreyer puede considerarse una »imagen invisible« que se refiere indirectamente a la existencia de un Dios misericordioso.
Hanna Rothmund (Mon,) estudió esta cuestión.
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