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Resumen Críticos de la Inteligencia Artificial (IA) postulan que los agentes artificiales no pueden alcanzar la conciencia ni siquiera en principio, porque les faltan ciertas precondiciones necesarias presentes en los agentes biológicos. Aquí destacamos argumentos desde una perspectiva neurocientífica y de ingeniería neuromórfica sobre por qué tal negación estricta de la conciencia en agentes artificiales no es convincente. Basado en la construcción de un gemelo neuromórfico co-evolucionado, argumentamos que las diferencias entre un cerebro biológico en desarrollo y uno artificial no son fundamentales y están desapareciendo con el progreso en los diseños de arquitectura neuromórfica que imitan el plano humano. Para caracterizar este plano, proponemos el Modelo Conductor de la Conciencia (CMoC) que se basa en implementaciones neuronales de un modelo del mundo externo e interno, mientras filtra y etiqueta los flujos de información. Un test de Turing extendido enumera correlatos funcionales y neuronales de la conciencia biológica que son capturados por el CMoC. Estos correlatos proporcionan la base para cómo los agentes biológicos o artificiales aprenden a distinguir entre la actividad sensorial generada desde fuera o dentro del cerebro, cómo la percepción de estas actividades puede ser aprendida y cómo el flujo de información para aprender un modelo del mundo interno es orquestado por una meta-instancia cortical, a la que llamamos el conductor. La percepción viene con la distinción de componentes sensoriales y afectivos, siendo el componente afectivo vinculado a preguntas éticas que son inherentes a nuestro modelo multidimensional de conciencia. Reconocer la existencia de un plano para una posible conciencia artificial abarca dimensiones funcionales, neuronales y éticas, planteando la pregunta: ¿Cómo deberíamos comportarnos hacia los agentes que son similares a nosotros en el funcionamiento interno de sus cerebros? Esbozamos un trato humano-AI, equilibrando las crecientes habilidades cognitivas de los agentes artificiales, y la posibilidad de liberarlos del sufrimiento de los afectos negativos, con una protección de los derechos de los humanos.
Benitez et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.
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