Los puntos clave no están disponibles para este artículo en este momento.
El entrenamiento de resistencia es recomendado por organizaciones de salud nacionales para su incorporación en un programa integral de acondicionamiento físico que incluya ejercicio aeróbico y de flexibilidad. Sus beneficios potenciales para la salud y el rendimiento son numerosos; se ha demostrado que reduce la grasa corporal, aumenta la tasa metabólica basal, disminuye la presión arterial y las demandas cardiovasculares para el ejercicio, mejora los perfiles lipídicos en sangre, la tolerancia a la glucosa y la sensibilidad a la insulina, aumenta el área de sección transversal del músculo y el tejido conectivo, mejora la capacidad funcional y alivia el dolor lumbar. Muchas mejoras en la función física y el rendimiento atlético están asociadas con los aumentos en la fuerza muscular, la potencia, la resistencia y la hipertrofia observados durante el entrenamiento de resistencia. El elemento clave para un entrenamiento de resistencia efectivo es la supervisión por un profesional calificado y la correcta prescripción de las variables del programa. Un diseño adecuado del programa, es decir, aquel que utiliza sobrecarga progresiva, variación y especificidad, es esencial para maximizar los beneficios asociados con el entrenamiento de resistencia.
Kraemer et al. (Sat,) estudiaron esta cuestión.