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EN 1977, informamos por primera vez sobre el efecto antiarrítmico del clorhidrato de imipramina.1 Antes de ese momento, los médicos creían generalmente que los antidepresivos tricíclicos (ATCs) causaban arritmias. Esa creencia provenía de la propensidad de las sobredosis de estos medicamentos para provocar arritmias.2 Sin embargo, posteriormente se hizo evidente, tanto por nuestros estudios3-6 como por el trabajo de otros,7 que a concentraciones plasmáticas terapéuticas para la depresión,8 los ATCs suprimen las arritmias, y sus efectos cardíacos se asemejan estrechamente a los de los medicamentos antiarrítmicos de clase I.9,10 Hasta hace poco, creíamos que los pacientes deprimidos con arritmias preexistentes se beneficiarían del efecto antiarrítmico de los ATCs.11,12 Desafortunadamente, estudios recientes indican que esta opinión puede necesitar ser revisada. Las despolarizaciones ventriculares prematuras (DVP) son un factor de riesgo bien documentado para la muerte súbita después de un infarto de miocardio (IM)13,14 y se asumía que los medicamentos que suprimen las DVP reducirían esta mortalidad asociada. Sin embargo, en 1983, Furberg
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Alexander H. Glassman
Boston University
JAMA
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Alexander H. Glassman (miércoles) estudió esta cuestión.
synapsesocial.com/papers/6a108f3b1406dce28afcbdf2 — DOI: https://doi.org/10.1001/jama.269.20.2673