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El gobierno en la Ruanda post-genocidio fundamenta su reclamación moral de legitimidad en una política de unidad nacional y reconciliación, afirmando crear un 'Rwanda para todos los ruandeses'. Este artículo investiga la resistencia campesina a esta política. Al centrarse en actos cotidianos de resistencia entre los pobres rurales, demuestra que a pesar de la apariencia de un amplio apoyo popular, muchos campesinos ruandeses consideran que los diversos mecanismos de unidad nacional y reconciliación son injustos e ilegítimos. La obediencia a los dictados de la política de unidad nacional es frecuentemente táctica, más que sincera, ya que los campesinos emplean diversas estrategias para evitar la participación. A través de un enfoque en los actos cotidianos de resistencia, el artículo revela cómo el estado post-genocidio, mediante la política de unidad nacional y reconciliación, busca despolitizar a los campesinos orquestando actuaciones públicas y cerrando la posibilidad de que los individuos se unan para organizarse políticamente. LA POLÍTICA DE UNIDAD NACIONAL Y RECONCILIACIÓN ha sido la columna vertebral de la estrategia de reconstrucción del gobierno ruandés tras el genocidio de 1994 en el que civiles hutus mataron al menos a 500,000 tutsis. 1 Estructura las interacciones de los ruandeses individuales con el estado y entre ellos. En teoría, es un conjunto de mecanismos que 'buscan promover la unidad entre tutsis y hutus en la creación de un Rwanda para todos los ruandeses'; 2 en la práctica, disfraza los esfuerzos del gobierno por controlar.
Susan Thomson (vie,) estudió esta cuestión.