La digestión una vez se vio como un proceso impulsado por el huésped, dependiente de enzimas salivales, gástricas, pancreáticas e intestinales para descomponer los macronutrientes. Sin embargo, nuevos conocimientos sobre el microbiota intestinal han redefinido esta visión, destacando la digestión como un esfuerzo cooperativo entre las enzimas del huésped y las microbianas. Las enzimas del huésped inician la descomposición de nutrientes, mientras que las enzimas microbianas, especialmente en el colon, extienden este proceso fermentando polisacáridos resistentes, modificando ácidos biliares y transformando fitocompuestos y xenobióticos en compuestos bioactivos. Estas acciones microbianas producen metabolitos como ácidos grasos de cadena corta, que influyen en la función de la barrera intestinal, la regulación inmune y el metabolismo. Propongo dos marcos para describir esta interacción: el “dueto,” enfatizando la cooperación enzimática secuencial, y la “orquesta,” reflejando un sistema coordinado espacial y temporalmente con retroalimentación huésped-microbiota. La interrupción de esta simbiosis, a través de antibióticos, inflamación, dieta o envejecimiento, lleva a la disbiosis, a la digestión alterada y contribuye a enfermedades metabólicas, neurológicas, cardiovasculares e inflamatorias. Reconocer la digestión como un sistema dinámico e integrado abre nuevos caminos para terapias y nutrición. Estos incluyen prebióticos dirigidos por enzimas, probióticos, postbióticos y dietas personalizadas. Adoptar esta perspectiva a nivel de sistemas permite diagnósticos y tratamientos innovadores, con el objetivo de restaurar el equilibrio enzimático y mejorar la salud digestiva y sistémica.
Volodymyr I. Lushchak (Mon,) estudió esta cuestión.