Resumen En 1808, el rey Fernando de España abdicó del trono durante la invasión napoleónica. La soberanía de la “nación” fue entonces investida en un parlamento elegido democráticamente, las Cortes de Cádiz, compuesto por representantes de España, los virreinatos americanos y Filipinas. Las Cortes de Cádiz y su Constitución de 1812, por primera y única vez en la historia, formaron una democracia representativa inclusiva que abarcaba dos continentes y Filipinas. Esta “nación” transoceánica fue teorizada por las Cortes a través de debates vigorosos que fueron meticulosamente registrados. Este ensayo examina tres momentos en estos debates en los que surge una “libertad especulativa”. Se argumenta que las Cortes y su constitución teorizaban una soberanía transoceánica: una nación afectiva compuesta por ciudadanos racial, cultural y lingüísticamente distintos, a través de la diferencia indígena. Los debates de las Cortes sobre la inclusión de los pueblos indígenas como ciudadanos libres articularon un principio de equivalencia que rechazaba la abstracción y la supresión de la diferencia. La falta de inclusión de los afromestizos como ciudadanos, tras un debate acalorado, condujo a la desaparición del Imperio español. Esta exclusión fue a la vez política, psíquica y racial. La diferencia indígena permitió que peninsulares y criollos superaran las brechas políticas entre ellos, mientras que los afromestizos estaban demasiado cerca, provocando una disidentificación.
María Josefina Saldaña‐Portillo (2025) estudió esta cuestión.